Monday, May 29, 2006
Atenco: de hechos y retórica
ivanislas@gmail.com
En recientes semanas hemos sido testigos del crítico ambiente que se ha suscitado ante la proximidad de las elecciones presidenciales en México. Definitivamente, algunos hechos han marcado nuevos rumbos. Por ejemplo, cuando al candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, en un acto de campaña, se le ‘salió’ una frase que hoy se ha vuelto famosa: “Ya cállate chachalaca”, y por su puesto, la respuesta de sus adversarios: “¡Es intolerante!, es como Chávez, como Castro: ¡un peligro para México!”. Pero el caso que nos interesa reflexionar fue el suceso que hace unas semanas sacudió al ambiente político: el conflicto de Atenco. Un grupo de comerciantes ambulantes apoyados por los llamados “macheteros de Atenco” fueron replegados por las fuerzas del orden. En lucha campal, un menor muerto y casi 200 personas detenidas. Las cámaras de televisión atestiguaron los sucesos e inevitablemente mostraron presuntas vejaciones y maltratos de la policía a los detenidos.
Los sucesos se presentan y también las oportunidades para el decir, para llevar al discurso esa materia prima, o sea, los hechos, las cosas, la suposiciones, las creencias, las ideas filosóficas, etc. Pero, ¿cuál es el proceso? ¿cómo es que hablar de algo puede resultar creíble para algunos? En las contiendas políticas, detrás de regimenes democráticos, y en la actual mediocracia, como dirían algunos, la lucha se lleva a cabo en el terreno del discurso en todas sus formas y registros (escrito, a través de la televisión y la radio, del cine, etc.). Se busca a toda costa que el decir llegue a generar opiniones y, finalmente, apele al electorado, a los consumidores, en pocas palabras, a las audiencias metas.
La teoría de la argumentación no es menos oportuna para comentar y arrojar luz acerca de estos sucesos, los hechos del lenguaje y del discurso. Perelman, autor del Tratado de la argumentación, advierte cómo es que el velo de lo formal, de lo lógico, puede, al hacer que un discurso se muestre coherente en sus razonamientos, llegar a persuadir acerca de determinadas tesis. No importa si lo que se dice se llegue a comprobar. A partir de “vínculos” y “disociaciones”, de relacionar hechos con personajes, cosas con ideas, o de desasociar, de deslindar, la “realidad” se presentará en diversas versiones.
Lo que pretendemos comentar no es el hecho mismo (Atenco), no es ni siquiera tomar una postura. En cambio, sí es señalar cómo actúa el hombre político en franca contienda para construir una versión de los hechos en un momento oportuno. Un relato acerca de algo que llegará a miles de personas a través de la vociferación de los medios de comunicación.
¿Qué sucedió después de los sucesos de Atenco en el plano del discurso? El primero en no guardar silencio fue el candidato del PAN, Felipe Calderón: “En esta contienda electoral sí hay candidatos que avalan la barbarie, que avalan los machetes y que avalan romper la ley de hacerse justicia por propia mano”. “Ahí están las declaraciones de López Obrador en la ciudad de México, cuando bajo su gobierno murieron varias personas linchadas, entre ellos dos policías federales, y los policías del DF no hicieron nada. ¿Por qué?, porque el señor López Obrador decía que estas cosas eran del México profundo y que él no se metía”. (Reforma; mayo 6, 2006).
Comentemos por partes. Los estrategas de Calderón rememoran una serie de hechos que, si los observamos de manera estricta, no tendrían por qué estar vinculados. Sin embargo, esa es la virtud del orador que pretende persuadir y conoce al auditorio al que quiere llegar y que, a toda costa y a la mínima oportunidad, tratará de sacar ventaja. La constatación de sucesos a través de las cámaras de televisión de por sí ya significan un argumento en el que se “comprueba” algo: la violencia. Rememorar dichos momentos (los de Tláhuac en noviembre de 2004) y vincularlos con lo que sucedió en Atenco fue una buena jugada en el plano del decir. Los cierto es que podríamos constatar en los registros de aquellos días que AMLO no avaló en aquel momento hechos violentos ni aprobó pasar sobre la ley. Si bien es cierto que en una desafortunada declaración ante lo sucedido en otro caso similar que le tocó años atrás su discurso sonó ambiguo, no se podrían sacar deducciones ni conclusiones tajantes en el sentido de las expresadas por Calderón tal y como si fueran resultados matemáticos. No obstante, la asociación entre tal pronunciamiento y los hechos que ocurrieron recientemente, de los cuales el propio Andrés Manuel se deslindó, hicieron clic, embonaron perfectamente. Y entonces fue cuando el candidato del PAN se dio el lujo de afirmar que AMLO avalaba la “barbarie”. Ante ciertos auditorios algo totalmente lógico.
El otro caso lo tuvimos unas días más tarde. Los asesores del candidato Madrazo, del PRI, necesitaron más tiempo. “El PRD es un partido violento que pone en riesgo la estabilidad del País”. “El PRD auténticamente está metido en este conflicto (Atenco), de tiempo atrás, es un PRD violento, el ala dura está detrás del señor Guillén, el subcomandante Marcos”. “Hacemos un llamado al Sr. Andrés Manuel para que llame a sus simpatizantes para que ya no provoquen este clima tan enraizado hacia la elección” (Reforma; mayo 9, 2006).
Somos testigos de nueva cuenta de “enlaces” y “disociaciones” discursivas. Madrazo hila ideas acerca del PRD y las lleva, como en el caso de Calderón, a los hechos de Atenco. Aprovechando el deslinde de López Obrador, lo califica de “cínico” e increpa al partido de izquierda como “violento” haciendo alusión a ideas generales, casi clichés, en las cuales dicho partido, efectivamente, era tachado (sobre todo en el sexenio de Salinas) como un organismo político que procuraba tal tipo de comportamientos. Y no satisfechos con tales aseveraciones, los estrategas de Madrazo rematan aludiendo a una figura ya emblemática en la historia de México y que recientemente no le ha ido muy bien en simpatías: el subcomandante Marcos. “El ala dura del PRD está detrás de Marcos”. Efectivamente, el discurso bajo un esquema lógico de razonamientos hace posible que se lleve a cabo tal enlace. Los pronunciamientos de Madrazo resultarán coherentes y creíbles para el oído de algunos auditorios aunque nada de aquello se pueda comprobar.
En los dos casos descritos estamos muy lejos de poder comprobar las aseveraciones de los candidatos y, de hecho, de eso no se trata. Por el contrario, lo que pretendería cualquier estratega político es aprovechar el momento y vincular la intención de un discurso con los sucesos corrientes. Ya lo dicen los maestros de la retórica, el discurso persuasivo debe ser oportuno. La argumentación retórica, en este ejercicio de estructurar discursos (la inventio), necesita hacer “enlaces” y “disociaciones” que en algunos casos serán afortunados, tal y como lo hemos visto en los recientes pronunciamientos de los candidatos a la presidencia de México. Sin embargo, es prudente decir que en el discurso retórico, el plano de la ética debe estar presente en todo momento, y claro, a veces nos conviene olvidarlo, borrarlo de la memoria, pero inevitablemente, como la historia nos lo ha mostrado en repetidas ocasiones, la “verdad de los hechos” se asomará tarde o temprano.
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Iván Islas
Maestro en Comunicación por la UNAM. Profesor de Teoría del discurso, Semiótica y Lenguaje en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha dedicado sus estudios al análisis del discurso publicitario y artístico desde el punto de vista de la retórica y la semiótica. Ha sido editor de publicaciones universitarias y literarias. Actualmente se encuentra próximo a publicarse el libro 80 años de la publicidad en México, editado por la Asociación Nacional de la Publicidad (ANP), en el cual colaboró con el capítulo Publicidad y televisión y con una entrevista a Emilio Azcárraga Jean.