Sunday, May 21, 2006
BITÁCORA LECTURA 8
Teoría del discurso
Prof.: Ivan Islas Flores
Ramírez Sandoval Francisco Javier
Rogel Velasco Iskander Alejandro
8.- Control de lectura: Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método II. Ed. Sígueme. España, 1998. págs. 51 – 62.
¿Qué es la verdad?
Lo afirmado como verdad por un hombre como Jesús no afecta al Estado para nada; la tarea política que plantea el ideal de tolerancia consistirá en proporcionarle al poder estatal unas situaciones de equilibrio en esa línea.
El Estado reconoce en principio la libertad de la ciencia, pero la invocación de esa libertad es siempre una peligrosa abstracción. La idea de la verdad presida absoluta e inequívocamente la vida del investigador, su libertad para hablar es limitada y polivalente. Debe conocer las repercusiones de su obra y responder de ellas. Hay un nexo interno entre las limitaciones en la expresión de las opiniones y la falta de libertad en el pensamiento mismo.
La ciencia coincide con el fanático en ser tan intolerante como él porque exige y da siempre demostraciones; nadie es tan intolerante como aquel que pretende demostrar que lo que dice ha de ser la verdad. La ciencia es intolerante, según Nietzsche, porque es un síntoma de debilidad, un producto tardío de la vida, un alejandrinismo de un legado de esa decadencia que Sócrates, el inventor de la dialéctica, trajo a un mundo en el que no existía aún la incidencia de la demostración, sino que una soberana auto certeza se limitaba a señalar y decir, sin demostración alguna.
¿Es cierto que la ciencia es realmente, como pretende, la última instancia y el único soporte de la verdad?
Debemos a la ciencia la liberación de muchos prejuicios y la destrucción de muchas quimeras. Es pretensión de las ciencias cuestionar los prejuicios y conocer así la realidad mejor que hasta ahora; la ciencia se niega a dar la respuesta desacreditando la pregunta, es decir, tachándola de absurda. Porque sólo tiene sentido para ella lo que se ajusta a su método de hallazgo y examen de la verdad. Este malestar ante la pretensión de la ciencia se da sobre todo en materia de religión, filosofía y cosmovisión.
¿Qué clase de experiencia es la que hace consentir la verdad en el discurso mostrante?
Verdad es desocultación. Dice Aristóteles: “un juicio es verdadero si deja reunido lo que en la cosa aparece reunido; un juicio es falso si hace estar reunido en el discurso lo que en la cosa no está reunido. La verdad del discurso se define como la adecuación del discurso a la cosa, es decir, adecuación del dejar estar el discurso a la cosa presente. De ahí se deriva la definición de la verdad divulgada por la lógica: adaequatio intellectus ad rem. El lugar de la verdad es el juicio.
La verdadera ciencia no es la ciencia natural, mucho menos la historia, sino la matemática. Porque su objeto es un ser puramente racional y como tal es modelo de toda ciencia porque se puede representar en un contexto deductivo cerrado. La pretensión de la ciencia es superar lo aleatorio de la experiencia subjetiva mediante un conocimiento objetivo, y el lenguaje del simbolismo equívoco mediante a univocidad del concepto.
Se ha demostrado que la introducción de sistemas de signos convencionales nunca se puede efectuar mediante el sistema elegido en esas convenciones y que, en consecuencia, la introducción de un lenguaje artificial presupone ya otro lenguaje en el que se habla.
La autentica filología no es mera historia, porque la propia historia es en realidad una ratio philosophandi, un camino para conocer la verdad.
El lenguaje posee su propia historicidad. Cada uno de nosotros tiene su propio lenguaje. No existe el problema de un lenguaje común para todos, sino que se produce el milagro de que con diversos lenguajes nos entendemos más allá de las fronteras de los individuos, los pueblos y los tiempos. Este milagro va indisolublemente unido al hecho de que también las cosas se nos presentan con una realidad común cuando hablamos de ellas.
El modo de ser de una cosa se nos revela hablando de ella. Lo que queremos expresar con la verdad, posee su propia temporalidad e historicidad. Lo más asombroso en la esencia del lenguaje ya de la conversación es que yo mismo tampoco estoy ligado a lo que pienso cuando hablo con otros sobre algo, que ninguno de nosotros abarca toda la verdad en su pensamiento y que, sin embargo, la verdad entera puede envolvernos a unos y otros en nuestro pensamiento individual.